Genealogía de Luján


En el tiempo, la ciudad propia se ausenta, lo hace cuando las voces con que contábamos para la memoria se extinguen, se silencian y paulatinamente el tornasol se vela.

Los recuerdos y el saber, o el hecho de verificar, hacen del camino hacia la identidad un surco fértil a la familiarización con la historia real, o con la ficción que necesitemos construir para entramarnos en el pasado.

La autoridad del relato incluye entonces la facultad o el privilegio de la vivencia, y en ella todas las especulaciones y potestades posibles.

Quienes han vivido lo narrado, han creado la posibilidad de este presente que antaño fue el futuro. Su legado se acredita ante todas las generaciones venideras y son quienes otorgan nada más y nada menos que la preciosa identidad. Encofrada, turbulenta, azarosa, es acopiada para el admirable edificio.

Desde las razones más curiosas del afán de investigación del individuo hacia el espíritu que motorizaba las pasiones de sus antepasados, el último de los hombres posiblemente siga remontándose a las fuentes para descubrir el secreto.

En ese proceso de construcción que se inicia cuando los mayores deletrean nuestros nombres comienza la transferencia de la historia que ellos crearon para sus hijos, sus nietos, sus descendientes, para nosotros al fin.

En ese tramo comenzamos a recompensarlos, a reconocer ese tejido de sangre propia que nos nombra para que sepamos quienes somos, cuanto de ellos seguirá viviendo en esa valorización.

El verbo y el milagro de estas voces, altas y pausadas, cautelosas para encontrar la medida exacta de los hechos y abundantes en minucias que acaso en nada modifiquen la historia, hace al ejercicio del relato que la evocación deja permanentemente a las generaciones posteriores.

La historia, la doméstica, la que no cuenta con el peso de las grandes epopeyas, es el arte de los ancestros. Esos secretos que están bien guardados como propia y sagrada biografía, serán eternamente para descubrirlos o no, pero siempre para vivir en la felicidad de buscarlos.

De la memoria de los viejos, de su fortaleza y tenacidad, del anhelo de prosperidad y por haber pertenecido a ese gran encadenado que conformó la estructura social, surge el derecho de narrar.

En la generosidad de ese verbo se enraizaron con profundidad las crónicas míticas y las sencillas razones del orgullo de mis criollos y mis gringos.



escudolujan

1536 -

Pago del Arbol Solo
Muy Noble y Leal Villa de Nuestra Señora de Luján
Ciudad de Luján

República Argentina


imagen gentileza del Arboreto de Liendo, España